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MENOSPRECIO:

En México, envenenado por el sometimiento, la corrupción y el abandono, pocos son capaces de unir esfuerzos para edificar solidariamente un medio ambiente y un mundo mejor. La agresividad y la frustración se demuestran en la incapacidad de trabajar en conjunto, de respetarse mutuamente. La falta de honestidad en la política gubernamental ha hecho pesimista al mexicano y ha creado en él un rechazo a la autoridad. Este pesimismo se traduce en una falta de respeto absoluto hacia su propia nacionalidad, actitud que determinará, en la esfera subjetiva, la subestimación que el mexicano siente hacia sí mismo.

Ningún país puede aspirar a ser grande si su mentalidad es inferior y mediocre; el conformismo, la resignación, la humildad que en los hechos termina siendo sumisión son manifestaciones subjetivas del propio menosprecio que hace de sí mismo el mexicano, interiorizando su inferioridad se niega asimismo la grandeza ancestral que es patrimonio de un pueblo enormemente rico en cultura y tradiciones, es decir de un país glorioso!   Menosprecio es que la imagen del mexicano sea un sombrerudo recargado bajo la sombra  de un nopal,  imagen que se tiene del mexicano en el exterior y que !humilla nuestro ser nacional! Nunca más ¡Dignidad para la gran nación mexicana!

NACIONALISMO:

El PARNASO no alberga sentimientos xenófobos de ninguna índole, simplemente exigimos enérgicamente el respeto a nuestra propia nacionalidad. La nacionalidad mexicana no se entiende como un mero patrioterismo vulgar (que se reduce a la felicidad porque gana una selección mexicana de fútbol), significa que en cualquier lugar donde un mexicano se encuentre sea respetado; como en México se respeta a un inglés, alemán o francés, que no se construyan muros en otras fronteras por el desagrado que produce la “infección mexicana”, que nuestros hijos crezcan y desarrollen un sentimiento que dista mucho de la inferioridad con la que se nos somete desde la tierna infancia. En un país grande, la gente debe sentirse como tal, y México es un país grande, es indignante que con toda la riqueza cultural, territorial y sobre todo humana de éste país nos encontremos en condiciones de tan lamentable atraso y pobreza.

El elemento necesario para comprender el nacionalismo pasa por lo que nosotros llamamos “nacionalización de un pueblo”:

Muchos ven como objetivo en otros países nacionalizar industrias y/o energéticos, pero ¿qué hay de “nacionalizar” a un pueblo?, ¿qué significa ésta expresión?

Consiste, en primer término, en crear sanas condiciones sociales como base de la educación individual. Porque sólo aquel que haya aprendido en el hogar y en la escuela a apreciar la grandeza cultural y económica, y ante todo la grandeza política de su propia Patria, podrá sentir y sentirá el íntimo orgullo de ser hijo de esa Nación. Sólo se puede luchar por aquello que se quiere, se quiere lo que se respeta y se puede respetar únicamente lo que por lo menos se conoce.

El mexicano no siente ninguna grandeza nacional porque la “nación” que conoce es corrupta, porque desde pequeño se le inculca la “humildad” como virtud, un espíritu de sumisión que nosotros llamamos “Juan Dieguismo”. El mexicano se menosprecia a sí mismo, nacionalizar al mexicano significa reconstruir la grandeza moral de su espíritu dotándolo de dignidad, de orgullo y de fuerza.

PATRIOTISMO:

 Los Estados intentan ser  formas de armonía política, los países son expresiones geográficas, una Patria es todo eso y más: sincronismo de espíritus y de corazones, temple uniforme para el esfuerzo y homogénea disposición para el sacrificio, simultaneidad en la aspiración de la grandeza, en el pudor de la humillación y en el deseo de la gloria. Cuando falta esa comunidad de esperanzas, no hay Patria, no puede haberla: hay que tener ensueños comunes, anhelar juntos grandes cosas y sentirse decididos a realizarlas, con la seguridad de que al marchar todos en pos de un ideal, ninguno se quedará en mitad del camino contando sus talegas.

La Patria está implícita en la solidaridad sentimental de un pueblo y no en la confabulación de los politiquistas que medran a su sombra. No basta acumular riquezas para crear una Patria, es necesaria la unidad moral, esto significa la cohesión del todo; cada una de las partes constitutivas de la Patria (campesino, obrero, intelectual, estudiante, empresario) es  necesaria para su crecimiento y fortalecimiento, ninguna tiene una importancia menor, si una de ellas falla la Patria se resquebraja, se fractura hasta que la grieta va creciendo y termina por desmoronarla por completo. Se rebaja el valor de este concepto cuando su unidad moral desaparece en ciertas épocas de rebajamiento, cuando se eclipsa todo afán de cultura y se enseñorean viles apetitos de mando y enriquecimiento. Y el remedio contra esa crisis de chatura no está en el fetichismo del pasado, sino en la siembra del porvenir, concurriendo a crear un nuevo ambiente moral, propicio a toda culminación de la virtud, del ingenio y del carácter.

Cuando no hay Patria no puede haber sentimiento colectivo de la nacionalidad inconfundible con la mentira patriótica explotada en todos los países por los mercaderes y los militaristas. Sólo es posible en la medida que marca el ritmo unísono de los corazones para un noble perfeccionamiento y nunca para una innoble agresividad que hiera el mismo sentimiento de otras nacionalidades. No hay manera más baja de amar a la propia Patria que odiando a las patrias de los otros hombres, como si todas no fuesen igualmente dignas de engendrar en sus hijos iguales sentimientos. El patriotismo debe ser emulación colectiva para que la propia Nación ascienda a las virtudes de que dan ejemplo otras mejores; nunca debe ser envidia colectiva que haga sufrir de la ajena superioridad y mueva a desear el abajamiento de los otros hasta el propio nivel. Cada Patria es un elemento de la Humanidad; el anhelo de la dignificación nacional debe ser un aspecto de nuestra fe en la dignificación humana. Ascienda cada pueblo a su más alto nivel, como Patria, y por el esfuerzo de todos se remontará el nivel de la especie como humanidad en su conjunto.

“MEXICANEIDAD” Y DIGNIDAD:

Se estima como “virtudes” la humildad (sumisión), la domesticidad, el “valemadrismo” y precisamente éstas supuestas “virtudes” son el veneno de México, precisamente al mundo nosotros les “valemos madres”, precisamente ésta sumisión es la que desea el estadounidense al emplear mexicanos, la vulgaridad es el retrato típico del mexicano, su aspecto hosco, burdo, su presencia soez, todo ello rebaja a la Nación. Para quienes creen que eso es ser mexicano baste recordarles que antes de la colonización de nuestro pueblo, las civilizaciones azteca, maya, olmeca (por citar algunas) eran grandes, ejemplos de cultura, sus hombres eran briosos, tan orgullosas y dignas eran que hoy en día el mexicano se refugia en ese pasado ante lo poco que le ofrece su presente, ¿o acaso cuando se remite el mexicano hacia sí mismo no adopta esos simbolismos prehispánicos? ¿Qué cultura, que identidad encuentra hoy en día el mexicano en su presente?

Ser digno es ser magnánimo:

La magnanimidad, como su mismo nombre lo da a entender, se  aplica a las grandes cosas... El magnánimo es el que se juzga digno de grandes cosas, y que de hecho es digno.

La “mexicaneidad” a la que nos referimos es exigir el propio lugar como individuo, como Nación, es no resignarse a aceptar una ideología de fracasos, es abandonar la ideología del “vas muy rápido” de aquellos que ante su lentitud mental le exigen al otro que se rebaje a su nivel (se alente); ser mexicano es ser magnánimo, significa aspirar a la grandeza levantando la cara y luchando por construirla, significa el rechazo de la subestimación que el otro haga de uno.
 

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